miércoles, 30 de septiembre de 2009

Sistematización de experiencias educativas:

Una herramienta para la construcción de conocimiento en los movimientos sociales

Ana Dumrauf y Silvina Cordero

Sólo hay historia donde hay tiempo problematizado y no preasignado.

Paulo Freire

Una preocupación frecuente de las personas que participamos en prácticas de Educación Popular dentro de movimientos sociales es cómo hacer para aprender y construir conocimiento a partir de nuestras propias experiencias. Algunas respuestas parecen provenir de la sistematización de propuestas educativas. Pero, ¿qué significa sistematizar? ¿Cómo podemos hacerlo? ¿Cuáles son los procesos involucrados? ¿Quiénes participan?

Con estas preguntas como marco, un grupo de talleristas que trabajamos en distintos barrios periféricos de la ciudad de La Plata, decidimos organizar un taller para comenzar a construir algunas respuestas. Así, nos propusimos:

- explicitar nuestras propias ideas respecto a qué es sistematizar;

- empezar a delinear un plan de trabajo para sistematizar las experiencias educativas que estamos llevando a cabo; y

- compartir un panorama acerca de qué es sistematizar, según algunos autores, para animarnos a hacerlo.

Nos convocamos un domingo de primavera en el Centro Social y Cultural Olga Vázquez. Después de presentarnos y dividirnos en grupos, realizamos una actividad para explicitar las ideas de los y las participantes respecto a qué pensaban qué era la sistematización. Cada uno de los grupos trabajó con diferentes colecciones de objetos: un bolso de un titiritero; una colección de fotos; una bolsa con hojas de distintas clases; y una cartera de mujer (con los elementos que su dueña llevaba habitualmente). La propuesta de estas colecciones de objetos tuvo por objetivos reconocer que la información sobre un hecho o un proceso puede hallarse en registros de muy diverso tipo y, en ese sentido, objetos producidos o utilizados por los y las participantes pueden dar pistas interesantes de ser investigadas; cuestionar la idea de que la sistematización es un proceso que se desarrolla sólo a partir de registros escritos o grabados; y poder objetivar los procedimientos de elaboración y agrupamiento por categorías.

A partir de la consigna abierta ¡empiecen a sistematizar!, los grupos trabajaron hasta elaborar una propuesta. El proceso de cada grupo fue registrado por un/a integrante.

Cuando analizamos las producciones de los grupos, teniendo en cuenta el registro de observación y las vivencias de los y las participantes, se evidenciaron diferentes aspectos a considerar al momento de encarar algún proceso de sistematización. Por ejemplo, la necesidad de: establecer criterios, “ver” todos los “objetos”, agrupar o clasificar, ordenar para mostrar, analizar y reflexionar, analizar comparativamente, categorizar, nominar las categorías y formular hipótesis. Por otro lado, consideramos que la clasificación realizada posibilitó conocer mejor y que la reflexión a partir del agrupamiento (vinculada a su fundamentación) podía responder a distintas cuestiones en diferentes momentos históricos. También nos planteamos y definimos colectivamente respuestas a algunas dudas: ¿los criterios de clasificación se establecen previamente? ¿qué hacemos cuando hay parte de los registros que no se ajustan a los criterios consensuados? Si volvemos a los registros de alguna actividad ya realizada con alguna pregunta, ¿cómo validamos la pregunta? ¿es necesario que esté relacionada con la práctica?

En una segunda etapa del análisis, abordamos otros aspectos del proceso de sistematización: la idea de distanciamiento para reflexionar sobre la práctica; la necesidad de obtener “datos” -que como todo “dato”, es construido por quien lo obtiene-, a través del registro de las prácticas (por medio de observaciones, elaboración de crónicas, toma de registros en videos y fotografías, o de la recuperación de la memoria oral); la conciencia de que en esa obtención de “datos” pueden existir preguntas iniciales, pero otras pueden surgir en el proceso e incluso reformular las iniciales; la propuesta de que la construcción de agrupamientos tendría que reflejar lo regular pero también lo singular; y de que las categorías producidas a partir del agrupamiento siempre contienen “carga teórica”. También nos cuestionamos acerca del por qué y el cómo incluir el rol del observador en nuestras prácticas, algo a veces no tomado en consideración para el desarrollo de la práctica misma, pero útil en el caso de desear sistematizarla. Algunos interrogantes quedaron plasmados como tales, ya que su respuesta debía ser elaborada desde cada proyecto de sistematización: ¿quién sistematiza? ¿quién sabe? ¿quién valida?

Conclusiones de nuestro análisis fueron algunos sentidos que puede asumir para nosotros la sistematización de nuestras experiencias:

- la objetivación de la práctica;

- la reconstrucción e interpretación del proceso histórico vivido;

- la crítica al proceso vivido, que implica develar las lógicas de funcionamiento y evaluar el camino realizado.

Esta construcción colectiva de los sentidos que le dimos a la sistematización de nuestras experiencias se vuelve relevante ya que, como dicen Cendales y Torres (2006), “Toda sistematización, como modalidad colectiva de producción de sentidos, es siempre una experiencia inédita, dado que lo que se ponen en juego no son un conjunto de procedimientos y técnicas estandarizadas, sino las vivencias, sueños, visiones y opciones de individuos y grupos que la asumen como posibilidad de auto comprensión y transformación”.

Por ello, el ejercicio teórico que implica la sistematización -“es un esfuerzo riguroso que formula categorías, clasifica y ordena elementos empíricos; hace análisis y síntesis, inducción y deducción, obtiene conclusiones y las formula como pautas para su verificación práctica” (Jara, 2004)- si se realiza como práctica interpretativa crítica que nos permite abstraernos de lo “concreto vivido” hacia lo “concreto pensado”, “no se agota en mirar hasta el hoy de la experiencia, sino que deriva naturalmente en la pregunta por el mañana, por el cómo continuar, por el con quién seguir adelante” (Jara, 2004). Y así es como la sistematización de una experiencia deviene en práctica transformadora de la propia experiencia y de los sujetos que la realizan.

El taller de ese domingo continuó con un trabajo grupal en el que los y las integrantes de cada propuesta educativa delineamos posibles aspectos a sistematizar de nuestras prácticas y comenzamos a pensar en cómo realizarlo. La puesta en común de nuestros proyectos de sistematización -algunos que se enlazaban con tareas de registro, ordenamiento y análisis ya iniciadas y otros que planteaban el primer ejercicio en ese sentido- fue nuestra apuesta al futuro y nuestro propio desafío en esa jornada de trabajo.

Queda saber qué fue de esos pequeños proyectos-sueños que comenzamos a trazar en esa mañana de sol; hasta dónde esa posibilidad de interpelar e interperlarnos en nuestras prácticas que vislumbramos a través de la sistematización, tomó forma en decisiones y acciones concretas. Pero eso ya es otro capítulo de esta historia.

Referencias bibliográficas:

Cendales, L. y Torres, A. (2006): “La sistematización como experiencia investigativa y formativa”, La Piragua 23, pp.29-38.

Jara, O. (2004): “El aporte de la sistematización a la renovación teórico-práctica de los movimientos sociales”, En: Korol, C. Pedagogía de la resistencia. Cuadernos de Educación Popular. Ediciones Madres de Plaza de Mayo-América Libre, Buenos Aires.

1 comentario:

l dijo...

Esta nota figura en el índice del Machete #3, y por errores de edición no fue incluida en la revista impresa. Estamos trabajando en la reedición... Saludos!