martes, 18 de noviembre de 2008

Educación Pública, calidad y trabajo docente

Algunas reflexiones en torno al discurso de Cristina


Educación Pública,

Calidad y Trabajo Docente


“El olvido a que está sometida la práctica pedagógica por parte de los poderes públicos y que siento como una falta de respeto a mi persona, no es motivo para no amarla o para no amar a los educandos. No tengo por qué ejercerla mal. Mi respuesta a la ofensa a la educación es la lucha política consciente, crítica y organizada contra los ofensores. Acepto incluso abandonarla, cansado, a la espera de mejores días. Lo que no es posible envilecerla con el desdén por mí mismo y por los educandos.”… “La lucha a favor del respeto de los educadores y la educación significa que la pelea por los salarios menos inmorales es un deber irrecusable y no solo un derecho. La lucha de los profesores en defensa de sus derechos y de su dignidad debe ser entendida como un momento importante de su práctica docente, en cuanto práctica ética. No es algo externo a la actividad docente, sino intrínseca ella.”

Paulo Freire (1997) - Pedagogía de la autonomía

Nos mueve a realizar esta nota las palabras de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre la educación y los docentes. Tanto en su discurso de asunción como en la apertura de las sesiones legislativas dedicó largos párrafos al tema educativo y creemos necesario al menos realizar una reflexión sobre lo expresado. Intentará ser una respuesta a un discurso que consideramos ofensivo para con los docentes. Tomaremos algunos de los puntos expresados para hacer un intento de interpretación y análisis que nos permita ver el escenario en el cual como docentes estamos parados.


Calidad Educativa

“Me desvela el tema de la calidad educativa… el tema pendiente de la educación, es la calidad de la educaciónYo no sé si tal vez por una deformación de los últimos años, por las circunstancias políticas, por las cosas que nos han pasado a los argentinos, cada vez que hablamos de educación en la Argentina únicamente es para discutir el tema salarial docente. No estoy diciendo esto para criticar, estoy instándonos a superar esa etapa para poder abordar la etapa que viene que es la discusión de la calidad y hacerlo racional y democráticamente con todos los sectores[1]

La pobre calidad, según ella, de la escuela pública está generando el éxodo a la escuela privada que en una extraña mutación parece ser ahora inclusiva y no un privilegio: “Hoy, mucha gente asalariada, con mucho esfuerzo junta una cuota de 200 pesos o de 150 pesos para pagar el colegio privado para que su hijo tenga clases todos los días [2]

Esta idea del “éxodo” a la escuela privada no es nueva y hace tiempo que desde el discurso oficial se intenta naturalizar en el sentido común. Como ejemplo de esto, podemos nombrar a la ex ministra Adriana Puiggrós, quien la repitió sucesivamente durante los paros del 2007. De este modo, poco a poco la escuela privada se va convirtiendo en paradigma de escuela de calidad.Nos obliga también entonces, no a concebir hoy a la escuela privada como competidora de la escuela pública, sino articulando esfuerzos con la escuela pública y en eso estamos”[3] ¿Cuál es la calidad de la escuela privada con la que se debe articular? En esta escuela, “paradigma de la calidad”, las palabras estabilidad laboral, paro o libertad de cátedras son palabras desconocidas o prohibidas. Como lo son también: aborto, derechos humanos, 24 de marzo, Julio López, Fuentealba o salud reproductiva. Todos temas que según sus “gestores” tienen que ser tratados en el mejor de los casos “con objetividad,” “sin parcialidades” y “sin resentimiento”. Es esa escuela privada donde cada día se percibe un estilo de gestión empresarial y técnico que todo lo abarca y donde todo planteo político pedagógico queda en el olvido. Es esa escuela, que en general con cuotas cada día más altas recibe el 80 o 100 por ciento de subvención del estado, ampliando su gama de actividades extra-curriculares que son un buen marketing, mientras en muchas escuelas públicas, por nombrar solo un tema, sueñan con que el invierno “pase de largo”.

Entonces nos podemos preguntar: ¿De qué calidad hablan? ¿La calidad de la escuela privada tendrá algo que ver con la falta de calidad de las escuelas públicas? ¿Es posible hablar tan livianamente de calidad sin preguntarse cómo la oferta educacional se alteró en relación con ciertas transformaciones de clase en las últimas décadas? ¿Tendrá algo que ver el estado en todo esto? ¿No existe también en la educación, como en otros campos, una transferencia de lo público a lo privado? ¿No se está descuidando al que menos tiene a favor del que más tiene?

Puede ser cierto lo que dice la presidenta cuando expresa que una parte de la gente asalariada envía a sus hijos a escuelas privadas. Lo que no dice es que las escuelas públicas abren sus puertas todos los días a hijos de padres que hoy poco saben de estabilidad laboral. Donde la palabra desocupación, planes trabajar, changa, trabajo en negro o precarizado es la constante y donde los mismos pibes son parte de ese mercado laboral para sobrevivir. A esto la escuela pública le pone el cuerpo todos los días cómo puede. Podríamos pensar, cómo juega esto en la calidad. En la idea del discurso pareciera que la educación y la calidad educativa se desarrollaran en un vacío político, social e histórico; donde no existen las clases sociales ni el estado mediando estas divisiones y conflictos. La calidad no puede ser concebida como una característica absoluta o como una esencia, medida con relación a un supuesto padrón universalmente válido. La desigualdad de la calidad forma parte de la lógica de un modelo social basado en la necesaria existencia de la desigualdad.

La calidad así, poco a poco, deja de ser un derecho en el sentido común para ser una mercancía más del mercado, donde “todos” somos consumidores “inteligentes” y por eso “elegimos” las mejores propuestas. La calidad en esta idea empresarial de la educación, es fundamentalmente un problema técnico y de gestión donde el estado “la ve pasar”; y los principales responsables de su falta son los docentes: “yo provengo de la escuela pública, pero de esa escuela pública donde el maestro sabía más que el alumno[4]. Y luego de una recriminación a la cantidad de días de huelgas docentes, nos dice que “no hay peor día de clase que el que no se tiene y no hay peor escuela pública que la que está cerrada y no da clases”.[5]

Como vemos el discurso es muy clarificador, el proceso iniciado en los noventa, más allá de la retórica progre y de las nuevas leyes de educación, no se revirtió. La demonización de lo público, la culpabilización a las y los trabajadores, y la no responsabilidad del estado son recetas conocidas.


Sobre las luchas docentes

Otra idea importante presente en los últimos discursos es la incomodidad creciente frente a las distintas luchas docentes de los últimos años y el intento de su disciplinamiento. “Del año 2003 al 2007, la variación del salario docente fue, promediando las 24 jurisdicciones, porque ustedes saben que son diferentes realidades las jurisdicciones, del 168,95 por ciento de aumento. Sin embargo, tuvimos en el mismo período, 1.025 días de huelga. Si uno observa el resultado del año 2003, tuvimos unos 182 días de huelga. En ese momento, 2003, ustedes recuerdan muchos salarios de los docentes eran de 300 pesos y en muchas provincias se pagaba mal, tarde y nunca con bonos inclusive. Sin embargo, pese a la evolución podía observarse que aumentaban los días de huelga y se llegó en el año 2005, año electoral, a tener 302 días de huelga y luego, en el año 2007, nuevamente año electoral, elevarse a casi 250 días de huelga”[6].

Nuevamente, estas cifras vacías de contenido no dan cuenta del contexto, y no se relacionan con otros datos para una mejor comprensión del tema en cuestión. Por ejemplo no se dice que de un sueldo de $1290, los docentes de la provincia de Buenos Aires tenemos en blanco solo $700, ni que cada día estamos más lejos de la canasta familiar (por efectos de la inflación creciente), y por eso debemos trabajar más horas y tomar más cargos. Por otro lado, si con 250 días de paro en todo el país, el asesinato de un docente (Neuquén), represión y atropellos de otros (Santa Cruz y Salta), sólo se logró lo antes mencionado ¿Qué hubiera sido si no hubiéramos luchado?

Por eso este año se buscó desde el comienzo disciplinar a las y los trabajadores docentes pero bajo la fachada del diálogo, entendido éste, como una forma democrática para llegar a acuerdos con los representantes gremiales por otras vías que no sea el paro. “En estos días, hemos arribado a la primera gran paritaria nacional docente. El Estado ha acordado junto con los gremios del sector el salario testigo que establece la ley elevándolo casi en un 24 por ciento a $1.290 de los 1.040 que originalmente teníamos... También por primera vez el sector -y debo reconocerlo- se ha comprometido al cumplimiento de los 180 días de clases. (APLAUSOS)… Debo también decir que tengo grandes esperanzas, por la negociación de la paritaria, la inclusión del compromiso por parte del sector docente, de los 180 días de clase”

De esta forma el disciplinamiento opera con la complicidad creciente de CTERA que ¿cree? estar revirtiendo la lógica de los 90 con su Ley de Educación y las paritarias docentes, que dicho sea de paso, es una caja negra donde la participación de las bases está ausente, a menos que consideren participación a las encuestas con cruces por sí o por no. El papel de CTERA este año ha sido cuanto menos vergonzoso, generando un aparente escenario de conflicto, arregla en paritaria un 24% de aumento y un piso “techo” de $1290, garantizando por este paquete los 180 días de clase y descentralizando el resto de los conflictos en cada provincia. El broche de oro lo pone el 4 de abril llamando a una jornada de lucha (charlas, murales, etc) evitando en todo momento la palabra PARO, cuando el compañero Carlos Fuentealba murió luchando en un contexto de paro y piquete.

Ante este panorama es inevitable un escenario de conflicto donde evidentemente lo salarial seguirá siendo la punta de lanza. Pero quisiéramos llamar la atención sobre dos aspectos un poco más olvidados. El primero es el avance sobre las condiciones laborales en este contexto de culpabilización de los sectores docentes. Es indudable que en su plan de reformas, el estado avanzará sobre las mismas y habrá que estar muy atentos/as a lo que se viene. (Cargo de 6 horas, carrera docente, capacitación etc.)

Por último, para que nuestra defensa a la escuela pública no sea una mera defensa corporativa, debemos estar atentos/as a cómo contribuyen las luchas crecientes de los docentes en el aula, en los barrios y en las calles a las demás luchas del pueblo. De este modo nuestra defensa a la escuela pública, no es la defensa “a cualquier escuela pública”. Defendemos y creemos en la escuela pública que contribuye a la liberación de su pueblo, que aporta a la construcción del poder popular y que se piensa en y con el pueblo y no en contra ni por sobre el.


Por José Kiefel y Vanesa Jurado

Docentes, integrantes de La Fragua/fpds



[1] Discurso Cristina Fernadez de Kirchner que abre el 126º período ordinario de sesiones en el Congreso de la Nación. 01-03-08

[2] Idem

[3] Idem

[4] Discurso de asunción, 10/12/07.

[5] Ibidem

[6] Idem

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