sábado, 5 de abril de 2008


¿Por qué hablar de Educación Popular en la Universidad?
El lugar de Paulo Freire en la formación de un educador

M. Belén Janjetik
(graduada de Ciencias de la Educación)

El introducirse en la teoría de Freire invierte muchas de las lógicas del razonamiento universitario. La propuesta del autor con respecto a una educación liberadora, problematizadora, popular, no permite volver a mirar nuestras prácticas en términos de una educación bancaria, sean en el ámbito que sean.
¿Por qué hablar de liberar en educación? ¿Por qué problematizar en la escuela? ¿Por qué o qué sentido tendría educar en ámbitos no formales, o informales, o sin título? ¿Qué es eso de educación popular? ¿Qué raíces tiene el concepto como para que la universidad lo trabaje?
Muchas son las preguntas, y no sé cuántas pueden ser las respuestas. Y tampoco me propongo darlas, sino simplemente entrar en diálogo con la propuesta de una educación popular.
La concepción de educación de Freire parte de una determinada concepción del hombre, desde aquí una educación es liberadora cuando respeta al hombre como persona, como sujeto y no como objeto, como algo a domesticar. Las prácticas de una educación problematizadora guardan una profunda relación con la lectura del mundo, con el lugar que el hombre ocupa en la historia, en la cultura y cómo trabajar con esa realidad, con los desafíos de ese contexto.
La educación popular busca ser una práctica para la libertad, no ve un enseñar sin el aprender, no comparte un educar “para”, “por” o “sobre” sino que camina en busca de un educarnos, un educar con el otro, un compartir el acto cognoscente. En este compartir ninguno de los actores es pasivo, es receptor, es contenedor. La educación aquí es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.
¡Transformar, qué palabra! Pensar que tantas veces en los discursos universitarios se la puede escuchar, repetir, instaurar y proclamar. Pero no resulta tan sencillo realizarla, y menos sencillo aún es saber lo que implica, qué es lo que se transforma y en pos de qué se transforma… quiero decir, ninguna práctica social es neutra, y una acción de esta magnitud siempre actúa a favor de algo y en contra de algo. Y es a esta acción transformadora, aquella que se concreta, que se hace praxis, a la cual la educación popular nos conduce, nos invita.
El contexto en el que se encuentran muchos países latinoamericanos se caracteriza por el destrozo de la esperanza, a través de una asimetría de las relaciones de poder que sólo dan el lugar de opresor o de oprimido, de dominador o de dominado, haciéndonos creer que estamos condenados, que nada es transformable. La prepotencia de la ignorancia se constituye en un manto que arrojan desde arriba para cubrir a los de abajo. La participación en una cultura del silencio, porque el miedo a la libertad somete y calla, y en consecuencia se da nacimiento al mutismo que niega la comunicación y el diálogo, nutriendo a las futuras generaciones desde una educación preocupada por unos pocos, a las que dice alimentar, a los que llena de contenidos, ampliando distancias, enfatizando tal cultura y absolutizando la ignorancia de tal otra.
Pero no es fácil pasar de la ingenuidad a la criticidad, y el hecho de concurrir a la universidad no asegura ese paso. Y menos aún, asegura la conciencia política, el compromiso de ser coherentes, diciendo lo que hacemos, porque aquello que hacemos es lo que decimos. Nos pasamos la vida jugando entre estas conciencias, entre ser ingenuos con lo que nos conviene, ser críticos con los que nos asusta y comprometiéndonos con lo que sin esfuerzo, podemos hacer.
Es frente a esta realidad donde la Universidad debería habilitarnos herramientas, que no consistan sólo en analizar sino en actuar, en crear medios para el trabajo educativo, o por qué no, recrear y reinventar aquellos existentes. Herramientas que no provoquen que los universitarios vayamos a extender conocimiento, a decirles a quienes “no saben” lo que tienen que hacer. Desde la premisa de que nadie sabe todo y nadie ignora todo, ya la academia deja de ser la única propietaria del saber y nos propone entrar en diálogo con sujetos que también portan un saber propio.
Las prácticas de educación popular son aquellas que proponen lo dicho. Probablemente no tengan una institución con rituales como la escuela, quizás sean informales en sus aspectos o quizás no. Lo cierto es que sus escenarios no las hacen carecer de contenidos, de métodos y de formación. Desde los educadores y los educandos la práctica educativa es encuentro, es curiosidad, investigación, estudio crítico. Por qué esto es así y para qué será así: porque no se trata sólo de saber y de repetir el conocimiento que se nos ha transmitido, sino de cuestionar nuestro contexto, coincidiendo con Freire en que “...la realidad no es así, la realidad está así. Y está así no porque ella quiera...” (El grito manso, Siglo XXI editores Argentina, 2003. p.63.)

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